miércoles, 18 de febrero de 2026

Aprender a recordar juntos: Fricciones éticas y re-filiaciones en la memoria de Salta a 50 años del golpe

 Resistencia institucional y re-filiación democrática: Salta a 50 años del golpe

En el umbral del cincuentenario del golpe de 1976 y ante el avanzado "desmantelamiento del Estado nacional" en materia de derechos humanos, la Comisión Provincial de la Memoria de Salta redefine su agenda como un "escudo democrático". Analiza la disputa por el sentido político en el acto de Miguel Ragone y propone una transformación radical del rol policial: transitar de la seguridad perimetral a una "guardia de honor" pedagógica que rompa los "silencios corporativos". Entre la urgencia de la institucionalización y la "fricción ética" de los familiares, el texto explora cómo la memoria, territorializada y plural, se consolida como la única garantía de supervivencia frente al retroceso institucional de 2026.

Comisión Provincial de la Memoria

A 50 años del Golpe

Primera reunión de planificación de agenda

Salta, febrero de 2026

 


Contenidos:

Quiénesse reunieron

Convocatoriaa las organizaciones

Laarticulación con la Secretaría de Cultura: un Estado que suma

Laagenda acordada para marzo y abril de 2026

Bancode Acciones por los 50 años

Presentacióneditorial en la Usina Cultural

Circuitode Baldosas y Bicicleteada

Paseoen Kayak y Fogata en el Dique Cabra Corral

Festivalde la Memoria (20 de marzo)

MesaAmpliada Territorial (19 de marzo)

Territorializaciónen el interior: Joaquín V. González (30-31 de marzo)

Actoen la Legislatura Provincial

ElActo de Miguel Ragone en Cerrillos: la disputa por el protocolo

Lapolicía y el trabajo interno que la memoria exige

Dela seguridad del evento a la institución que rinde honores

Eltrabajo interno: pedagogía antes del acto

Romperel silencio corporativo

Lare-filiación democrática de la fuerza

Laimportancia de una agenda conjunta en tiempos de retroceso

 

 

 

Este documento es una comunicación dirigida a las organizaciones que integran la Comisión Provincial de la Memoria y a las organizaciones de derechos humanos de Salta, con el propósito de ponerlas en conocimiento de la primera reunión de trabajo que dio inicio a la planificación conjunta de la agenda de los 50 años del Golpe de Estado de 1976.

 

La reunión tuvo lugar el 18 de febrero de 2026, en vísperas del paro general convocado para el día siguiente, en un momento político de alta tensión: el proceso de desmantelamiento del Estado nacional avanza sobre las estructuras de derechos humanos, y la Comisión Provincial de la Memoria enfrenta el desafío de sostener y ampliar su trabajo en un contexto de retroceso institucional. Que la reunión haya ocurrido precisamente en ese umbral no es un detalle menor. Es el dato que mejor resume el espíritu con el que se trabaja.

 

síntesis uno.

 

Quiénes se reunieron

La convocatoria reunió a tres integrantes de la Comisión con perfiles complementarios, cuya articulación expresa la naturaleza plural e institucional del espacio.

 

La primera voz es la de quien ejerce la coordinación institucional de la Comisión, con una perspectiva pragmática y de largo plazo. Su argumento central es que la permanencia dentro del Estado no es una concesión al poder de turno, sino la única garantía de que las políticas de memoria sobrevivan a los cambios de gestión. "Lo que no se institucionalice dentro del Estado desaparece", fue la formulación que sintetizó su postura a lo largo de toda la reunión. Desde esa convicción, propuso que la Comisión demuestre su valor con actitudes y trabajo concreto, evitando el repliegue o el purismo ideológico que —según advirtió— puede resultar funcional al vaciamiento que se busca evitar.

 

La segunda voz es la de la Subsecretaría de Derechos Humanos del Gobierno de la Provincia, que actúa como nexo operativo entre la Comisión y otras áreas estatales. Su aporte en esta reunión fue doble: por un lado, la articulación concreta con la Secretaría de Cultura —un actor gubernamental que se suma a la agenda con recursos, espacios y capacidad de convocatoria—; por otro, la propuesta de territorializar y ampliar la base social de la Comisión, incorporando colectivos LGBT, gremios y universidades para renovar el espacio y garantizar su continuidad generacional.

 

La tercera voz es la de un familiar de desaparecido, nieto del gobernador Miguel Ragone, e integrante de la Comisión en su condición de investigador y militante de la memoria. Su intervención estuvo centrada en la dimensión ética y simbólica de los actos conmemorativos, y fue quien planteó con mayor precisión el problema del protocolo: cómo evitar que las instituciones del Estado conviertan los actos de memoria en rituales vacíos que revictimizan a los familiares y desplazan el contenido político de la conmemoración.

 

También participó como colaboradora técnica una cuarta integrante, consultada sobre aspectos de calendario y logística.

 

Síntesis dos.

 

Convocatoria a las organizaciones

Esta primera reunión fue una instancia de trabajo entre quienes pudieron confluir en esa fecha. No es ni pretende ser una instancia cerrada. La Comisión Provincial de la Memoria convoca a todas las organizaciones que han integrado este espacio en los últimos diez años —desde su consolidación como instancia de articulación entre el Gobierno provincial y los organismos de derechos humanos— a sumarse activamente a la planificación de la agenda de los 50 años.

 

La próxima reunión ampliada está prevista para el 19 de marzo de 2026, en el marco de una Mesa Ampliada Territorial que convocará a representantes de derechos humanos de los distintos municipios de la provincia, así como a colectivos LGBT, gremios y universidades. Esa instancia será la oportunidad para construir colectivamente la agenda y para que cada organización incorpore su perspectiva, sus recursos y sus compromisos al proceso.

 

Las organizaciones que deseen participar están convocadas a comunicarse con la Comisión para confirmar su asistencia y aportar propuestas.

 

 


La articulación con la Secretaría de Cultura: un Estado que suma

Uno de los elementos que la reunión dejó en claro es que la agenda de los 50 años no será únicamente una agenda de los organismos de derechos humanos. La Secretaría de Cultura del Gobierno de la Provincia se suma formalmente como un actor de la planificación, aportando espacios como la Usina Cultural, capacidad de convocatoria artística y recursos para actividades que van desde presentaciones editoriales hasta festivales y muestras.

 

Esta articulación no es un dato menor en el contexto actual. Cuando el Gobierno Nacional desmantela los organismos de derechos humanos y habilita discursos que cuestionan la memoria como política pública, la confluencia de la Subsecretaría de Derechos Humanos y la Secretaría de Cultura bajo el paraguas de la Comisión Provincial de la Memoria constituye una señal política clara: el Estado provincial sostiene la agenda de memoria como parte de su identidad institucional, no como un trámite de ocasión.

 

Esta alianza no disuelve las tensiones propias de la relación entre organismos y Estado. Las tensiones existen, son legítimas y forman parte del proceso. Pero la articulación demuestra que hay margen para construir, que el Estado no es un bloque monolítico y que, incluso en condiciones adversas, los espacios institucionales pueden ser disputados y sostenidos desde adentro.

 

 

La agenda acordada para marzo y abril de 2026

Las acciones acordadas en la reunión se estructuran en torno a tres ejes complementarios: la visibilidad institucional de la Comisión, la expansión territorial hacia el interior de la provincia y la recuperación del contenido ético de los actos de memoria.

 

Banco de Acciones por los 50 años

Se propuso crear un registro unificado de todas las intervenciones de derechos humanos que se desarrollarán en el período, con el objetivo de potenciar la visibilidad de cada acción y articular los esfuerzos de los distintos actores. Este banco funcionará como una plataforma común que visibilice la dimensión colectiva del trabajo.

 

Presentación editorial en la Usina Cultural

Se realizará la presentación del libro de la Red Nacional de HIJOS en la Usina Cultural, en un acto que combinará el lanzamiento editorial con la apertura pública de la agenda de la Comisión.

 

Circuito de Baldosas y Bicicleteada

Se realizará una intervención artística en torno a la colocación de baldosas en sitios de memoria de la ciudad —entre ellos la Central de Policía y la Policía Federal— seguida de un recorrido en bicicleta por los espacios señalizados. La actividad combina la marca del territorio con la movilización juvenil.

 

Paseo en Kayak y Fogata en el Dique Cabra Corral

Actividad de memoria narrativa en un entorno natural, que incluirá relatos sobre los juicios de lesa humanidad y la historia de las víctimas del terrorismo de Estado en Salta. La dimensión territorial de esta acción apunta a llegar a comunidades y públicos que habitualmente no participan de los actos urbanos.

 

Festival de la Memoria (20 de marzo)

Festival artístico en la Usina Cultural con músicos locales, pensado como un hito de movilización juvenil y de apertura de la agenda al conjunto de la sociedad salteña. El festival funcionará como el momento de mayor convocatoria y visibilidad de la Comisión en el período previo al 24 de marzo.

 

Mesa Ampliada Territorial (19 de marzo)

Convocatoria institucional a representantes de derechos humanos de todos los municipios de la provincia, incluyendo colectivos LGBT y gremios. Será la instancia de planificación colectiva y el espacio donde las organizaciones podrán incorporar sus propuestas a la agenda común.

 

Territorialización en el interior: Joaquín V. González (30-31 de marzo)

Viaje al interior provincial para realizar talleres y muestras con los banners históricos de la Comisión. Esta acción responde a la convicción de que la memoria no puede ser un fenómeno exclusivamente capitalino y de que la Comisión debe marcar presencia y construir vínculos en los territorios donde el abandono del Estado nacional se siente con mayor fuerza.

 

Acto en la Legislatura Provincial

Gestión de un evento en el patio de la Legislatura para dotar a la agenda de un anclaje institucional de alto perfil. Este acto buscará articular a los poderes del Estado provincial en el reconocimiento de los 50 años del Golpe como hito histórico que interpela a toda la sociedad salteña.

 

 

El Acto de Miguel Ragone en Cerrillos: la disputa por el protocolo

Entre todas las acciones propuestas, la reunión dedicó un espacio especial a repensar el Acto de Homenaje a Miguel Ragone que se realiza anualmente en Cerrillos el 11 de marzo, fecha de su desaparición. Lo que se planteó no fue únicamente una cuestión logística. Fue una discusión sobre el sentido político de los actos de memoria y sobre quién tiene la autoridad para conducirlos.

 

El diagnóstico fue claro y fue compartido: en los últimos años, el acto en Cerrillos ha sido vaciado de contenido. Las fuerzas de seguridad han ocupado un lugar central y protagónico —incluyendo las primeras filas del espacio ceremonial— mientras los familiares y los organismos de derechos humanos quedaban relegados a un rol secundario. El ceremonial municipal tomó el control del acto y lo convirtió en un ritual protocolar que, lejos de honrar la memoria de Ragone, la encuadra en una lógica de orden institucional que borra el sentido político de su desaparición.

 

La propuesta que surgió de la reunión es que la Comisión Provincial de la Memoria asuma la conducción del acto, desplazando el control del ceremonial del municipio hacia los organismos y familiares. Esto implica un cambio de protocolo que coloque a quienes tienen la autoridad moral y política en el lugar que les corresponde: al frente, como conductores de la conmemoración, y no como invitados en un acto que otros definen.

 

Este cambio no es un capricho ni una disputa de egos. Es una condición para que el acto sea lo que debe ser: un espacio de memoria genuina, donde la comunidad de Cerrillos y de Salta pueda encontrarse con la historia real de Ragone —su lucha política, su compromiso con los trabajadores, las razones de su persecución y desaparición— y no con una versión aséptica y despolitizada que no inquieta a nadie ni interpela nada.

 

La Comisión tiene la capacidad y la legitimidad para asumir ese rol. Tiene la representación de los organismos, la articulación con el Estado provincial y el respaldo de quienes llevan décadas construyendo memoria en Salta. El 11 de marzo de 2026 es la oportunidad para que ese rol se ejerza de manera visible y contundente.

 

 


La policía y el trabajo interno que la memoria exige

Separada de la cuestión del protocolo pero directamente vinculada a ella, la reunión abrió un debate que merece un desarrollo especial: el rol de las fuerzas de seguridad en los actos de memoria y el trabajo interno que esa participación implica para la institución policial.

 

La pregunta que disparó la discusión fue simple en su formulación pero enorme en sus consecuencias: ¿cómo debería estar la policía en un acto de memoria? Y la respuesta que emergió no fue la de excluirla, sino la de transformar radicalmente el tipo de presencia que se le asigna.

 

De la seguridad del evento a la institución que rinde honores

Hoy, la policía aparece en los actos de memoria como fuerza de seguridad: cuida el perímetro, controla la entrada, garantiza el "orden" del evento. En esa función, actúa como si la historia no la involucrara. Es una presencia técnica que borra el vínculo entre la institución y la tragedia que se conmemora.

 

Lo que se propone es una presencia radicalmente diferente: la policía presente no como custodio del evento, sino como institución que rinde honores. Una guardia de honor integrada por cadetes —los más jóvenes de la fuerza, quienes no tuvieron parte en lo que ocurrió— ubicada no en el perímetro sino en el centro del espacio, flanqueando el memorial o el retrato de la víctima. El Jefe de Policía, o quien lo represente, pronunciando un compromiso público de lealtad a la Constitución. Un saludo de rigor ante el memorial al final del acto.

 

La diferencia entre estas dos presencias no es de forma. Es de significado. En la primera, la policía actúa como si pudiera separarse de su historia. En la segunda, reconoce que esa historia la involucra profundamente y que su participación en el acto es una forma de decirle a la comunidad —y a sí misma— que entendió lo que pasó y que no vuelve a pasar.

 

El trabajo interno: pedagogía antes del acto

Para que esa presencia tenga sentido y no sea un ritual más vacío, el protocolo propuesto incluye una condición fundamental: ningún cadete debe participar en la guardia de honor sin haber recibido formación previa sobre la historia que va a honrar.

 

Eso implica la implementación de seminarios obligatorios en la Escuela de Cadetes sobre el caso que da origen al acto y sobre ética profesional en relación a los derechos humanos. Las preguntas que esa formación debe instalar son difíciles y necesarias: ¿Qué debe hacer un policía cuando recibe una orden que viola los derechos humanos? ¿Cómo puede una institución reconocer que, en otra versión de sí misma, fue cómplice de un crimen? ¿Qué significa, para alguien que lleva un uniforme, rendir honores a una persona que sus antecesores persiguieron?

 

Esas preguntas no tienen respuestas sencillas. Pero el hecho de que se formulen —de que la formación policial las incorpore como parte de su currícula— es en sí mismo un acto transformador. Es lo que convierte la guardia de honor de un gesto simbólico en un procedimiento ético.

 

Romper el silencio corporativo

Las instituciones cerradas —y la policía es una de ellas— preservan memorias internas que contradicen su discurso público. En el caso de la Policía de Salta, esas memorias subterráneas pueden incluir versiones del pasado que justifican o minimizan lo que ocurrió durante la dictadura. Algunas de esas versiones —en sus formas más brutales— pueden seguir viendo a las víctimas del terrorismo de Estado como "enemigos ideológicos". No se expresan en documentos ni en declaraciones oficiales, sino en los micro rituales: en un saludo ejecutado con desgano en un acto de memoria, en los silencios que siguen en los corredores de la Jefatura después de una ceremonia.

 

El protocolo no puede cambiar lo que piensa un oficial de la vieja guardia en su fuero interno. Pero puede obligarle a actuar de otra manera en el espacio público. Y esa obligación —cuando se sostiene en el tiempo, cuando se convierte en parte de la formación— tiene efectos reales sobre la cultura institucional. Pedir a un policía formado bajo la lógica de la "mano dura" que rinda honores a una víctima del terrorismo de Estado produce lo que los investigadores llaman una disonancia cognitiva: un malestar interior que surge cuando las acciones que una persona debe realizar contradicen sus creencias internas. Esa disonancia no es cómoda. Pero es necesaria. Es el mecanismo por el que las instituciones cambian.

 

La re-filiación democrática de la fuerza

Incluir a la policía en el protocolo no es un gesto de perdón ni una exoneración de responsabilidades históricas. Es un dispositivo de transformación institucional que apunta a lo que puede llamarse una re-filiación democrática: un acto por el que la institución dice, públicamente, que su lealtad es con la legalidad constitucional y no con la obediencia ciega a quien esté en el poder.

 

Esa re-filiación tiene una dimensión particularmente urgente en el contexto de 2026. Cuando el Gobierno Nacional habilita discursos que promueven la discrecionalidad policial y el disciplinamiento social, la provincia tiene la posibilidad de construir una "identidad salteña" de la fuerza que sea diferente a la que baja desde Nación. El protocolo de memoria puede ser ese anclaje: si la policía provincial ha rendido honores a una víctima del terrorismo de Estado, tiene un referente simbólico concreto para resistir órdenes que contradigan ese compromiso. No es una prohibición —esas ya existen en papel. Es una cultura institucional que hace la represión más difícil de justificar desde adentro.

 

El cadete que hoy participa en la guardia de honor frente al memorial de un gobernador desaparecido lleva esa imagen consigo durante toda su carrera. Si algún día enfrenta una orden que no puede cumplir sin violentar los derechos humanos, tendrá en su memoria no solo un conocimiento intelectual sino una experiencia corporal, vivida: sé lo que le costó a mi institución olvidar que su lealtad es con la democracia. No voy a ser parte de eso otra vez. Esa es la forma más profunda en que el protocolo puede funcionar como escudo democrático.

 

 

La importancia de una agenda conjunta en tiempos de retroceso

El momento en que se produce esta primera reunión no es casual ni inocente. Es febrero de 2026, año del cincuentenario del Golpe, y el Estado nacional avanza en el desguace de las estructuras de derechos humanos construidas con décadas de lucha. En ese contexto, la confluencia del Estado provincial —representado en la Comisión por la Subsecretaría de Derechos Humanos y la Secretaría de Cultura— con los organismos y organizaciones que han sostenido la memoria en Salta durante los últimos años tiene un valor que va más allá de la coyuntura.

 

Una agenda conjunta del Estado y las organizaciones de derechos humanos no es una claudicación de la autonomía militante ni una rendición ante las instituciones. Es el reconocimiento de que, en un período de retroceso, la memoria como política pública necesita de todos los actores que puedan sostenerla: los que tienen la legitimidad histórica de los organismos y las familias, y los que tienen los recursos, los espacios y la inserción institucional del Estado provincial.

 

La Comisión Provincial de la Memoria ha demostrado en diez años que ese espacio de articulación es posible y fructífero, sin que ninguna de las partes tenga que renunciar a su identidad. Las tensiones existen y son sanas: entre el pragmatismo institucional y el reclamo de pureza ética, entre la urgencia de mostrar trabajo y la necesidad de no vaciar el contenido político de la memoria, entre la gestión y la militancia. Esas tensiones no debilitan a la Comisión. La definen.

 

A cincuenta años del Golpe, la construcción de la memoria en Salta no es un proceso cerrado. Es una negociación constante donde el Estado es, simultáneamente, una herramienta de preservación y un objeto de desconfianza legítima. Navegar esa contradicción sin paralizarse, sin perder ni la eficacia institucional ni la esencia crítica del reclamo de justicia, es el desafío que la Comisión asume en este período.

 

Las organizaciones están convocadas. La agenda está abierta. El trabajo conjunto es la única respuesta posible.

 

 

Comisión Provincial de la Memoria — Salta, febrero de 2026

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